Lo que vi en Netflix: Un hijo propio.

El 17 de junio de 2009, una mujer de 26 años salió de un hospital en México con una bolsa de regalo. En su interior iba una bebé recién nacida; y no, no era su hija.

Eleonor Alejandra Marín Mendoza se la lleva junto a su esposo, quien se entera en el momento de lo que estaba sucediendo, siendo atrapados horas después en un motel. Alejandra fue declarada culpable de secuestro y privación ilegal de la libertad de una menor de edad, por lo que estuvo 13 años en la cárcel. 

¿Pero qué la llevó a tomar esa decisión? ¿había un plan en marcha o solo fue un impulso del momento?

Si no has visto la película documental y no te gustan los SPOILERS, no sigas leyendo y vuelve otro día, porque aquí se viene el cuento. Las demás, pongan la tetera que vamos a conversar. 

En cuanto estuvo disponible “Un hijo propio” en Netflix no dudé en verla. No solo por el tema, sino que también por la directora: Maite Alberdi es una máxima. He visto parte de su trabajo documental en La Memoria Infinita, El agente topo, Los niños y La once y he quedado admirada con su capacidad de retratar el día a día de personas comunes y corrientes y encontrar belleza en la rutina, las miradas, los silencios y la duda. Valoro inmensamente su capacidad de captar esa sensibilidad y permitir que las y los espectadores podamos navegar libremente por las distintas emociones que nos ofrece y eso fue justamente lo que me sucedió con esta cinta. Sentí pena, rabia, injusticia, ganas de abrazar a Alejandra y decirle que no necesitaba un bebé propio ni un marido poco comprensivo para estar completa, pero también quise darle un cable a tierra y traerla de vuelta a la realidad antes de que se saliera tanto de control.

Alejandra relata que al casarse, de inmediato apareció la presión por parte de su marido y la familia para quedar embarazada. Después de tres pérdidas gestacionales, la pena y desesperación eran insostenibles. Si embarazarse parecía lo más natural del mundo, ¿por qué ella no podía? La presión aumentaba cuando su marido insistía en tener un hijo biológico, desestimando la adopción, lo que significó un nuevo dolor y más presión para Alejandra, ya que se sentía responsable de cumplir con estas expectativas ajenas. Por eso no fue capaz de comunicar su última pérdida y siguió adelante con la mentira. Reconoce también haber disfrutado de la atención que empezó a recibir; eso la hizo sentirse especial e ilusionada. Una experta en el documental explica como funcionó el razonamiento de Alejandra en ese momento, disociándose de la realidad y generando un embarazo psicológico, que fue ayudado de un aumento de peso importante provocado por el aumento de comida que empezó a ingerir para simular el estado de gravidez. 

Lejos de juzgar, me quedan muchas preguntas sobre qué es lo que lleva a una mujer desear tanto ser madre biológica, que construye un relato y un plan para obtener un bebé y dejar a los demás tranquilos, poniendo en riesgo su libertad, su vida, su matrimonio, todo, porque independiente de si el arreglo con la madre de la bebé era real o no, estaba al margen de ley igual. Esto hizo que parte importante de su vida haya estado tras las rejas, teniendo que elaborar y resignificar su vivencia, entrando con 26 años y saliendo con 39.

Sale a los casi 40 años con algunas ideas claras: no sería madre biológica y no se sometería nuevamente a ese escrutinio público, por lo que no lo volvería a intentar; por eso me desconcertó tanto la reacción del esposo, quien le dice que TODAVÍA quiere ser padre y que probaran in vitro o con vientre de alquiler. UUUFFFFF. O sea, tu pareja pasa trece años en la cárcel porque se roba a una guagua porque quiere ser madre y no puede y tú le dices que lo podrían intentar de nuevo. AAAAAAAHHHHHHHHH, qué rabia chicas, qué rabia. Me gustó que Alejandra se mantuviera firme y le dijera que no lo haría, aunque le costara la relación. Finalmente Arturo inicia una nueva relación y cumple su sueño de ser padre biológico, pero al tiempo vuelve a buscar a Alejandra para retomar la relación, a lo que ella accede, por lo que las escenas finales del documental son ellos dos con el niño jugando en un parque con la canción “En otra vida” sonando de fondo.

¿Qué les pasó a ustedes con ese final? Necesito por favor comentar esto con alguien, porque aunque ella se veía feliz, me dio mucha pena y rabia. Siento que es injusto, porque él sí pudo cumplir el sueño de ser padre y ella no solo no pudo, sino que tuvo que pagar muy caro llevar tan lejos su deseo; deseo que por lo demás, luego de mucha terapia reconoce como un mandato social. Quiero ser clara en que no justifico lo que hizo y si efectivamente fue sin consentimiento, no puedo imaginar la angustia de la madre al darse cuenta que su hija recién nacida fue sustraída, sin embargo quiero ir a lo medular y no al delito mismo, ya que siento que eso fue solo el síntoma de algo que se arrastraba hace mucho tiempo. 

¿Qué es lo que se busca o lo que se desea cuando se quiere un hijo propio? No tengo la respuesta, pero sí tengo la certeza de que en el debate están también presentes técnicas como la inseminación in vitro, el congelamiento de óvulos y el vientre de alquiler, porque si bien en este último la gestación la realiza otra persona, está la carga genética de al menos uno de la pareja original. ¿Hay una suerte de instinto biológico de dejar descendencia contra viento y marea sin siquiera saber el real trabajo que implica esa tarea? Porque si hablamos de deseos de cuidar, la adopción o las familias de acogida cumplen esa misma función, pero pareciera no ser suficiente y por lo tanto habría que intentar a toda costa tener un hijo biológico, somentiéndose a dolorosos y costosos tratamientos o arrendando a otra mujer para que ella lo geste. 

¿Cuál es el límite de lo razonable? No lo tengo claro, pero sea cual fuere, coincidimos en que Alejandra lo traspasó y ella también es consciente de eso. Lo estaba ya en ese momento, cuando en los videos reales de su babyshower o de la noche antes del supuesto parto, se notaba triste y angustiada. 

Aunque lo que ella hizo está a todas luces mal, me generó una gran empatía al verla tan sola y pasándola tan mal sin alguien en quien confiar para contarle cómo se sentía, especialmente tras las pérdidas gestacionales. Creo que eso nos debería hacer reflexionar sobre lo importante de visibilizar esas experiencias y validar ese dolor; también de la necesidad de acompañarnos y hacer tribu, no dejar solas a nuestras amigas y conocidas que están en ese camino y por último, dejar de considerar que es necesario ser madre para completar nuestra identidad, porque a veces es la sociedad la que te lo está diciendo, pero muchas veces es una también la que se repite esas ideas infundadas, llegando a puntos obsesivos. Lo mismo pasa con el ser delgada, ser profesional, etc, etc, nada se soluciona cuando lo logras y muchas veces nunca lo logras lo suficiente, por eso me gusta una reflexión que hace Alejandra cuando se pregunta qué hay más allá de ser madre. Ahora te hago a ti esa pregunta, independiente de si lo eres o no ¿Qué hay más allá de ser madre? Tengo la sensación que tener clara esa respuesta nos puede dar ciertas luces para atravesar los procesos de maternidad o no maternidad con mayor entereza y perspectiva.

¿Qué te pasó a ti con la película?¿Te gustó?¿En qué te dejó pensando?

Las leo.

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